Las claves para entender la aeróbica y la anaeróbica en el deporte y potenciar tu rendimiento

La distinción entre aeróbico y anaeróbico estructura toda la lógica de entrenamiento, desde la gestión del esfuerzo en resistencia hasta los sprints más cortos. Estos dos modos de producción de energía coexisten en cada momento en el cuerpo, y su proporción varía según la intensidad, la duración y el nivel de condición física. Comprender su funcionamiento permite orientar las sesiones con más precisión.

Variabilidad cardíaca y control de la carga aeróbica-anaeróbica

Atleta masculino en sprint anaeróbico en una pista de atletismo, ilustrando el esfuerzo explosivo de alta intensidad en el deporte

La mayoría de los contenidos sobre el aeróbico y el anaeróbico describen las vías energéticas de manera teórica, sin abordar cómo un deportista puede realmente ajustar su carga a diario. La variabilidad de la frecuencia cardíaca (VFC, o HRV en inglés) responde a esta falta.

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Desde hace algunos años, fabricantes como Garmin, Polar, Whoop u Oura han integrado la VFC como indicador central para modular el volumen de entrenamiento aeróbico y la frecuencia de las sesiones anaeróbicas. Funciones como “Training Readiness” en Garmin o “Nightly Recharge” en Polar utilizan los datos nocturnos para evaluar la capacidad del cuerpo para soportar una sesión intensa al día siguiente.

El principio se basa en el sistema nervioso autónomo. Una VFC alta en reposo señala una buena recuperación, y por lo tanto una capacidad para tolerar un esfuerzo anaeróbico. Por el contrario, una VFC baja durante varios días consecutivos sugiere que es mejor permanecer en una zona aeróbica moderada para evitar el sobreentrenamiento. Para comprender el aeróbico y el anaeróbico en el deporte, este tipo de datos de campo se convierte en un complemento directo a la teoría de las vías.

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Los informes de campo divergen sobre la fiabilidad de estos sensores llevados en la muñeca en comparación con las cintas torácicas, especialmente durante esfuerzos de alta intensidad. La medición nocturna, en cambio, parece ser más consensuada para orientar la planificación semanal.

Vías energéticas: lo que el umbral láctico revela sobre tu entrenamiento

Fisiologista deportiva analizando datos de rendimiento aeróbico y anaeróbico en una tableta en un laboratorio de ciencias del deporte

El cuerpo dispone de tres vías para producir energía, y su activación depende directamente de la intensidad del esfuerzo. La vía aeróbica utiliza oxígeno para degradar carbohidratos y lípidos, lo que permite mantener un esfuerzo prolongado (carrera larga, ciclismo, natación a ritmo moderado). Esta vía es lenta pero muy eficaz a lo largo del tiempo.

La vía anaeróbica aláctica interviene en esfuerzos explosivos de unos pocos segundos, utilizando las reservas de ATP y fosfocreatina. No hay producción de lactato, pero la autonomía es muy limitada.

La vía anaeróbica láctica toma el relevo para esfuerzos sostenidos entre quince segundos y dos a tres minutos. El glucógeno se degrada sin un aporte suficiente de oxígeno, lo que produce lactato y provoca esa sensación de ardor muscular bien conocida por quienes practican intervalos.

Umbral láctico y zonas de intensidad

El umbral láctico marca la frontera más allá de la cual el cuerpo acumula más lactato del que elimina. Entrenar el cuerpo justo por debajo o alrededor de este umbral mejora la capacidad de mantener una alta intensidad durante más tiempo. Las zonas de intensidad cardíaca (a menudo divididas en cinco niveles) sirven como referencias para apuntar a la vía correcta durante una sesión.

  • Zona baja (resistencia fundamental): esfuerzo aeróbico puro, conversación posible, ideal para desarrollar la base de resistencia y favorecer la oxidación de los lípidos.
  • Zona media (umbral aeróbico a umbral láctico): transición progresiva hacia el anaeróbico, respiración más marcada, desarrollo de la capacidad para tolerar el lactato.
  • Zona alta (por encima del umbral láctico): esfuerzo anaeróbico dominante, mantenible durante unos minutos, solicita la potencia máxima y la tolerancia a la acidez muscular.

Trabajar regularmente alrededor del umbral láctico mejora la capacidad anaeróbica sin necesidad de sesiones exclusivamente explosivas. Es un recurso subutilizado por los deportistas amateurs que a menudo permanecen en una sola zona de intensidad.

Combinar aeróbico y anaeróbico: lo que dicen las recomendaciones recientes

Las recomendaciones de la OMS publicadas en 2020, y retomadas por Salud Pública Francia en los años siguientes, insisten en un punto que los contenidos clásicos abordan poco: la combinación de esfuerzos aeróbicos y picos anaeróbicos dentro de una misma sesión es preferible a una separación estricta de los dos tipos de entrenamiento, incluso para los no competidores.

El mensaje se resume así: mayoritariamente en aeróbico, regularmente por encima del umbral. Este enfoque mixto produce beneficios cardio-metabólicos superiores a un entrenamiento exclusivamente en resistencia baja.

Aplicaciones concretas para estructurar las sesiones

Un entrenamiento tipo “fartlek” (variaciones de ritmo libres durante una salida en resistencia) ilustra bien esta lógica. El cuerpo oscila entre la vía aeróbica y la anaeróbica láctica sin nunca establecerse en un estado estable, lo que estimula la adaptación a intensidades variadas.

  • Sesión aeróbica con aceleraciones cortas: base en resistencia fundamental, salpicada de sprints de diez a veinte segundos cada cinco minutos para solicitar la vía aláctica.
  • Intervalos en el umbral: bloques de tres a cinco minutos a una intensidad cercana al umbral láctico, intercalados con recuperación activa en zona aeróbica.
  • Sesión larga a intensidad progresiva: inicio en zona baja, subida gradual hacia el umbral al final de la sesión para acostumbrar al cuerpo a producir un esfuerzo anaeróbico en medio de la fatiga aeróbica.

Esta lógica de sesiones mixtas no está reservada a atletas confirmados. Los datos disponibles sugieren que incluso los practicantes recreativos obtienen un beneficio medible de estas variaciones de intensidad, siempre que se respete un volumen suficiente en zona aeróbica baja para permitir la recuperación.

VO2 máx y capacidad anaeróbica: dos marcadores complementarios

La VO2 máx mide la cantidad máxima de oxígeno que el cuerpo puede utilizar durante un esfuerzo. Constituye el techo de la vía aeróbica. Cuanto más alta es la VO2 máx, más alto se sitúa el umbral láctico en una intensidad absoluta, lo que retrasa el momento en que el anaeróbico toma el control.

Por otro lado, la capacidad anaeróbica (cantidad total de energía producida sin oxígeno) determina la potencia disponible más allá de este techo. Un corredor de medio fondo o un ciclista en pista necesita de ambos: una VO2 máx alta para mantener una intensidad base, y una capacidad anaeróbica desarrollada para los cambios de ritmo y los finales de carrera.

Mejorar uno sin el otro crea un desequilibrio. Un deportista con una excelente resistencia pero una baja tolerancia al lactato perderá sistemáticamente en las fases decisivas. El entrenamiento anaeróbico también mejora la VO2 máx, lo que lo convierte en un complemento directo del trabajo en resistencia, no su opuesto.

El seguimiento de estos dos marcadores, a través de pruebas en laboratorio o estimaciones mediante relojes conectados, permite identificar las debilidades individuales y orientar la programación. Los datos no siempre permiten concluir con precisión a partir de los únicos sensores portátiles, pero ofrecen una tendencia útil para ajustar la proporción aeróbica-anaeróbica a lo largo de las semanas.

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